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NUEVAS SENDAS BLOG

17 Feb 2017

LA CULPA

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UNA EMOCIÓN POSITIVA Y NEGATIVA

Entre la culpa reparadora o la culpa condenatoria

¿Quién no ha experimentado alguna vez una emoción penosa producto de una acción considerada incorrecta?. ¿Quién no ha sido invadido alguna vez de una sensación de desagrado y pesadumbre en su alma, después de haber cometido una acción que es catalogada como negativa?. Esa emoción que surge de nuestro ser, como resultado de una situación crítica de la cual nos sentimos responsables, no es otra cosa que lo que todos conocemos como sentimiento de culpa. ¿De dónde es que nos viene este sentimiento?, ¿Cómo es que aparece en nuestro ser?, ¿Cuáles son las raíces desde donde crecen?

Así como nuestro cuerpo físico está genéticamente equipado de recursos biológicos que reaccionan frente a cualquier organismo extraño a él, así también nuestra alma está dotada de recursos emocionales que le preservan del peligro. El temor, por ejemplo, que tiene una connotación negativa para muchos, cuando paraliza y agobia el alma humana, es muchas veces una emoción positiva que previene al ser humano de peligros potenciales. Si al caminar cercano a un abismo no sintiéramos la voz de alarma del temor, fácilmente sucumbiremos a dicho peligro… así también el sentimiento de culpa, al igual que el temor, puede ser unas veces una emoción positiva, y otras, convertirse en una emoción negativa. Todo dependerá desde la fuente desde donde se origina dicho sentimiento.

La voz de la conciencia es la primera fuente desde donde puede venir un sentimiento de culpa, pues no podemos escapar a su incesante reclamo por nuestros errores, fallos y transgresiones. Esta es una emoción positiva cuando ese sentimiento de desaprobación personal puede proporcionar poderosos motivos para asumir una conducta más responsable. Por ejemplo, un joven que se siente tentado a ir al cine en vez de ir a la escuela, cedería fácilmente a dicha tentación si no fuera porque la voz interior de su conciencia lo recriminaría. Y dicha voz emerge con un grito de culpa.

El sentimiento de culpa es una emoción que se origina en la voz de la conciencia para alertar y preservar a la persona de caer en el abismo de la irresponsabilidad, corrupción y degeneración moral. Quienes caen en este abismo son aquellos que han apagado completamente la voz de sus conciencias y generalmente son desadaptados sociales, catalogados como psicópatas en el argot de la psicopatología.

Es una emoción negativa, el sentimiento de culpa, cuando su origen se encuentra ubicado en el implacable asiento de nuestro Yo o Ego. Cuanto más inflado y erguido se encuentre él, más dura e inmisericorde será su acusación. Si por ejemplo, un estudiante de química, por un accidente de laboratorio deja una sustancia explosiva que produce la muerte de un compañero, es natural que se sienta mal, y puede empezar a almacenar un fuerte sentimiento de culpa, que puede ser entendible al principio, pero que si continua se convierte como en un cuchillo de autocondena intensa que hiere su mente durante el día e impide el sueño durante la noche. En este caso, no es la voz de su conciencia quien lo acusa, pues ella sabe que no lo mató premeditadamente, sino que fue un accidente. Aquí es su Yo quien lo acusa; pues al tener un ego tan perfeccionista, que se cree incapaz de cometer un error, no puede perdonarse a sí mismo, y no puede aceptar que sea un accidente. Entonces su Yo se convierte en un capataz interior, que en todo tiempo le refriega en su cara el haber fallado. El error es un lujo que no lo puede permitir un Ego perfeccionista.
Este es el tipo de sentimiento de culpa negativo que produce ansiedad y trastornos psicológicos, que incluso pueden llevar a la depresión. El orgullo ha sido siempre el cáncer del corazón humano, que lo va consumiendo de a poco hasta finalmente acabar con él. Y el ego activo es un signo de inmadurez, propio y necesario en la infancia, pero que se constituye en un lastre en la vida adulta. Superarlo pasa por un proceso de maduración.

Por José Baldeón Valdivia Psicoterapeuta de Familias

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