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26 Ene 2017

S.O.S LA ADOLESCENCIA EN LLAMAS

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DOS PRINCIPIOS BASICOS QUE DEBEMOS ENSEÑAR A LOS HIJOS

La llegada de los hijos a la adolescencia siempre acarrea cierta crisis al interior de la familia. Pero debemos asustarnos, sólo si no hay crisis o si ésta se vuelve inmanejable; porque todo cambio y crecimiento demanda un grado de crisis que permita el desarrollo. Y la adolescencia es sinónimo de crisis, por los cambios que dicha etapa conlleva, pero es una crisis saludable y de crecimiento, porque se está avanzando de una etapa a otra. La adolescencia es el puente que todo ser humano debe cruzar, dejando atrás la niñez para entrar al territorio de la adultez; cruce que los padres deben saber acompañar sabiamente a sus hijos, para que no se quede estancado en el camino y puedan alcanzar la madurez respectiva que la vida adulta connota.

Un acompañamiento sabio significa un ejercicio eficaz de la autoridad que se tiene; sin olvidar, que muchas veces, una rebeldía desbordada es producto de una autoridad fracasada; lo que significa, que si podemos reestructurar nuestra autoridad, podemos neutralizar una rebeldía desbocada. Y una autoridad saludable es aquella que sabe enseñar, antes que mandar. La imposición genera rebeldía, pero enseñar promueve la obediencia. Y, entre otras cosas, hay dos principios claves con que los padres deben instruir a sus hijos, desde niños, pero sobre todo en la adolescencia.

A la madurez no se llega por tener mayoría de edad, sino por desarrollar responsabilidad. A los adolescentes les encanta la libertad, pero no el asumir la responsabilidad, por eso hay adolescentes de 30, 40 o 50 años que no maduran. Una forma de ayudarles en ese proceso de madurez es enseñarles, machacando en todo momento y tratando de que lo graben en sus mentes, que existen dos leyes básicas en la vida, sobre las cuales se sustentan el éxito o el fracaso en ella. Una es la Ley del dar y recibir: la vida  consta de Derechos y Deberes, que implican privilegios a disfrutar, pero también responsabilidades a asumir; es decir, que el hijo(a) tiene que aprender que la vida le ofrece privilegios de las que puede gozar, pero también le demanda responsabilidades que tiene que cumplir. Tienen derecho a pasear, jugar y divertirse, pero también tiene deberes como estudiar, hacer cosas en la casa y obedecer, que tiene que cumplir. Hay un intercambio permanente entre un recibir y un dar.

El binomio semántico Derecho y Deberes son hermanos gemelos que siempre deben ir de la mano, porque se influencian mutuamente y siempre tienen que guardar un fino equilibrio. Nadie que llega a la vida adulta puede vivir pegado a alguno de esos extremos, sin caer en algún tipo de patología. Alguien que solo quiere vivir disfrutando de sus derechos, haciendo lo que le plazca, viviendo exclusivamente de sus impulsos y deseos, sin contemplar límites, etc puede ser una persona que, producto de una crianza permisiva, desarrolle una identidad narcisista, con lo cual quiera tener el mundo a sus pies. Por el contrario, quienes viven pegados a sus deberes, son personas legalistas, perfeccionistas, justicieras y súper normativas, que viven esclavos de la ley y son obsesivas en su cumplimiento, como el personaje de Javert en la novela de Los Miserables; ellos seran candidatos a configurar una identidad depresiva, quedando atenazados por la culpa y la rabia, producto de una crianza autoritaria. La hipo-normatividad de unos padres permisivos o la hiper-normatividad de unos padres autoritarios, en ambos casos, engendran personalidades disfuncionales; porque los extremos siempre alojan disfuncionalidad. Pero un intercambio sano y constante, sin evadir los deberes ni los derechos, manteniendo un sano equilibrio entre ambos, pueden ser garantía de identidades saludables.

La otra, es la Ley de la siembra y la cosecha: la vida consta de Recompensas y Represalias; es decir, que si se hace lo correcto se obtendrán premios, pero si se hace lo incorrecto, se obtendrán castigos. La vida los premiará o los castigará dependiendo de sus actos, porque se cosecha lo que se siembra. Si el adolescente siembra esfuerzo y estudios, la vida lo recompensará con satisfacciones y éxitos; pero si siembra flojera o libertinaje, alcohol, drogas etc la vida lo sancionará con dolor y fracaso. Tiene que entender que él es el arquitecto de su propio destino, y puede hacer de su vida un hermoso edificio de éxitos o puede convertirla en un escombro de fracasos.

El adolescente sólo quiere vivir dentro de las dimensiones de los derechos y las recompensas, pero la madurez llega entendiendo que la vida también consta de las otras dos caras de la vida, que son los deberes y las sanciones. La responsabilidad de los padres es grabar bien en la mente de sus hijos estas dos grandes leyes de la existencia humana, porque de esta manera los dejan expeditos para enfrentar competentemente las grandes demandas de la vida. Estos dos grandes principios, grabados en el corazón y la mente de los hijos, es la mejor herencia aleccionadora que podemos dejarles a ellos,  como una garantía fiable para que les vaya bien en la vida.

Por José Baldeón Valdivia Psicoterapeuta de Familias

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